18/2/10

Ilusión de riqueza.

La riqueza parece ser una de la aspiraciones más comunes y generalizadas dentro de nuestra sociedad. Todas las personas desean ser ricas. Incluso las ciudades, los países o los continentes desean ser ricos. En realidad, todo el mundo desea ser rico. Todos aspiran a vivir en la mayor opulencia, a nadar en la mayor abundancia posible de dinero. La pobreza, por el contrario, es vista siempre como un sinónimo de fracaso, como la última y postrera señal de decadencia. Se la considera siempre como algo vergonzoso, algo que debe esconderse en todo momento… incluso cuando no se tenga suficiente dinero para ocultarla de forma convincente.

Y ciertamente, debe admitirse que la pobreza es cosa de fracasados, pues no hay nada más fácil que convertirse en una persona rica. Andar siempre con los bolsillos a reventar de dinero es la cosa más sencilla del mundo. Para ello basta con seguir una serie de consejos elementales, todos ellos muy simples y fáciles de realizar. Recordemos aquí algunos de los más habituales y conocidos:

¿Tiene usted casa? Pues bien, pida entonces una hipoteca a un banco y al instante estará usted lleno de dinero. Una vez hecho esto, pida una segunda hipoteca para conseguir aún más dinero. Venda después todo lo que tenga dentro de la casa: los muebles, la ropa, los electrodomésticos… No dude en vender cualquier cosa que se encuentre en su interior y que no sea fundamental para que la casa se mantenga en pie.

No se limite a su propia casa. Venda también las casas de otras personas. Aunque en el futuro vaya a tener algunos problemas judiciales, lo cierto es que de momento habrá obtenido una buena cantidad de dinero. Y no olvide que esas casas casi siempre tienen en su interior objetos valiosos. Róbelos y véndalos por un buen precio. Es lógico que al principio encuentre cierta oposición de sus dueños, pero no se desanime y persevere en todo momento.

Pero nada de lo dicho es suficiente para ser aún más rico. Como todo el mundo, usted tiene dos riñones. ¿Para qué quiere los dos? Venda uno a quien pague mejor por él. ¿Y qué hacer con el resto de órganos? Ciertamente que no utiliza todos. Puede hacer un buen dinero vendiendo aquellos que tiene repetidos o que no utiliza así mucho.

¿Tiene usted hijos? Si los tiene, podrá ser aún más rico. Apodérese del dinero destinado a su educación. Y también del que estaba ahorrando para poder pagarles aquella operación en el hospital. Venda al instante todo el patrimonio que sus hijos pensaban heredar y que iba a constituir en el futuro su único sustento. Ponga a todos sus hijos a trabajar para usted y, cuando no le sirvan para nada, véndalos.

Sí, es verdad, todos estos consejos parecen completamente disparatados. Sin duda que seguirlos permitiría ganar algún dinero, pero no por ello dejan de ser un montón de ideas absurdas, obra de un idiota o de un loco… ¿O quizás no lo son?

Pues bien, en realidad, y por más sorprendente que pueda parecer, todos estos consejos aquí citados son seguidos a diario por… ¡todos nosotros!

Todos nosotros vivimos en un mundo que sigue un modelo económico de ideología neoliberal. Es decir, un mundo que sigue al pie de la letra todos los consejos aquí referidos. Sólo que estos consejos tienen habitualmente otro nombre, otras dimensiones y otra apariencia. Pero, en realidad, son exactamente los mismos.

Todos nosotros vivimos en países que se endeudan una y otra vez a los bancos internacionales, convertidos ya en auténticos dueños del mundo. Endeudamiento externo, balanza comercial negativa, créditos financieros internacionales… son los nombres habituales que se da a una economía hipotecada varias veces. Y para obtener más dinero, los gobiernos no dudan luego en vender todo el patrimonio del país, todas sus empresas, toda su economía productiva… Todo lo que exista de valor.

También acaban por vender a entidades privadas, ya sean nacionales o extranjeras, los sistemas públicos que garantizan el bienestar y la seguridad de los ciudadanos: la sanidad, la educación, la defensa, los servicios sociales… Parece que, al fin y al cabo, el país puede sobrevivir perfectamente sin algunos de sus órganos vitales.

El asalto y saqueo de otros países constituye una larga y gloriosa tradición del mundo rico. Saqueo éste que continúa hoy en día, como bien demuestra el origen de las materias primas que alimentan a los países más ricos, casi siempre provenientes de países cada vez más y más pobres.

Consumiendo de forma insostenible cualquier recurso natural o productivo, nuestros países son ahora cada vez más ricos. Pero lo son siempre a costa de la pobreza y de la miseria de las futuras generaciones, que además deberán pagar todas las deudas ambientales, ecológicas y financieras dejadas por sus desconsiderados progenitores.

Sí, todos nosotros vivimos en un mundo dorado lleno de riqueza. Pero es una riqueza ilusoria. Y es nuestra obra: la obra de un idiota o de un loco.

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