26/2/09

Siete consejos y medio para ganar una guerra moderna.

Como todo el mundo sabe, las guerras son excelentes negocios, sobre todo cuando son realizadas lejos de casa. Esto lo sabían muy bien nuestros antepasados, los grandes y memorables conquistadores europeos, cuando salían a invadir, matar y saquear los pueblos de los cinco continentes (o como ellos decían, a civilizar el mundo, aunque no se sepa muy bien por qué). También sus descendientes fueron conscientes de las grandes virtudes de la guerra. Así, toda una serie de guerras coloniales bañaron de sangre medio mundo para poder asegurar la debida continuidad del expolio de los países ya conquistados.

Aunque mucha gente pueda pensar lo contrario, hoy en día esta noble y romántica tradición continúa viva. Matar personas en otros países continúa a ser una actividad practicada con gran entusiasmo. Es además una excelente oportunidad de hacer buenos negocios. ¿Y qué mejor que el dinero para sostener una antigua tradición?

Sin embargo, mucho ha cambiado en el mundo: la política, la ciencia, el arte militar… Las cosas hoy en día son muy diferentes. Y las guerras, desde luego, ya no son como las de antes. Precisamente por eso, resulta conveniente seguir una serie de consejos básicos antes de comenzar una nueva guerra. Siguiéndolos, usted estará seguro de tener un completo éxito (se sobreentiende que económico) en cualquier guerra que inicie. Los siete consejos y medio que necesita para ganar una guerra moderna son los siguientes:

1. Ataque siempre un país extranjero que esté bien lejos. Si no estuviese suficientemente lejos, los misiles lanzados por el enemigo podrían llegar a caerle en casa. ¿Le gustaría eso? Además, el ruido de los disparos siempre resulta algo molesto.

2. Elija un país habitado por personas que no sean de raza blanca y que utilicen lenguas extrañas. Siempre será más fácil justificar el ataque ante la opinión pública.

3. Contrate un ejército mercenario para que haga el trabajo. De esta forma le será más fácil deducir de los impuestos los inevitables costes debidos a la guerra.

4. Ataque empleando sucesivos y repetidos bombardeos. Es siempre más limpio e higiénico. Además, la lucha cuerpo a cuerpo podría provocar morados y rasguños en los mercenarios, lo que encarecería los costes del seguro laboral.

5. No se deje desmoralizar por la pérdida accidental de un soldado. Al fin y al cabo, por cada soldado que usted pierde mueren mil o dos mil personas enemigas, la mayoría civiles pero quizás también algún que otro militar.

6. Cuando ya no quede ningún soldado enemigo en pie, ocupe el país destruido y organice un plan de paz para su recuperación económica. Siempre queda bien visto defender la paz, aunque sea justo después de haberla masacrado.

7. Utilice en beneficio propio todos los recursos económicos del país. Apodérese también de cualquier riqueza que aún exista. Después de todo, ese era el objetivo de la guerra. Por otra parte, los habitantes del país están todos muertos o medio muertos, por lo que de cualquier forma no iban a poder disfrutar de nada de lo que les roba.

7 y medio. No reconozca nunca haber seguido estos consejos. Está claro que no son consejos originales, pues ya han sido utilizados en las más recientes, heroicas y memorables guerras de la actualidad, bien presentes en la memoria de todos. Precisamente por ello, si reconociese haberlos seguido tendría que pagar derechos de autor. Negando haberlos seguido podrá ahorrar un poco de dinero.

Con estos siete consejos y medio usted podrá seguir, sin correr ningún tipo de riesgo, la antigua y valerosa tradición bélica europea. Una tradición que además es actualmente apoyada por toda la comunidad internacional. Como bien sabemos, los derechos humanos están en el mundo cada vez más al revés de que al derecho. Por tanto, no tiene excusa posible para no seguir dicha tradición. ¡Haga ya su negocio!

17/2/09

¿Estarán las pirámides de Egipto en la posición correcta o al contrario?

Todos estamos acostumbrados a ver la soberbia imagen de las grandes pirámides de Egipto. Situadas en pleno desierto africano, enmarcadas por exóticas palmeras, rodeadas de simpáticos y tozudos camellos, invadidas a cada momento por terribles hordas de miles y miles de turistas… las colosales pirámides, tanto ayer como hoy, despiertan nuestra mayor admiración y nuestra más desbordante fantasía.

Su forma geométrica, por otra parte, es inconfundible: una base cuadrada, asentada sobre el suelo del desierto, y cuatro paredes triangulares alzándose hacia el cielo azul, apoyando sus bordes unas contra otras. Esta majestuosa e inconfundible figura ha inspirado, a lo largo de los tiempos, todos los campos del saber humano.

Así, hoy en día y de un modo general, se suele llamar pirámide a cualquier estructura en que exista un nivel inferior, la base, sustentando todos los demás elementos, seguida por otro nivel superior, más reducido, que sostiene a los siguientes, y así hasta llegar finalmente al último nivel, la cúspide, en que suele haber un único elemento.

Por ejemplo, hablamos de pirámide cuando analizamos nuestro sistema económico y los diferentes sectores que lo componen. En la base tenemos el sector primario, referido a la producción agrícola y a la extracción de recursos naturales. Luego viene el sector secundario o industrial, que transforma los bienes conseguidos por el sector primario en nuevos bienes que son útiles para la sociedad. Y por último, el sector terciario o de servicios, que se alimenta, por así decir, de los sectores anteriores e intenta mejorar las condiciones en que se desarrolla todo el conjunto de la economía.

Sin embargo, en los últimos tiempos tenemos fuertes motivos para pensar que esto no es realmente así. Incluso podría ser al contrario. Basta con que observemos atentamente la labor de nuestros gobiernos y nos preguntemos lo siguiente: ¿cuál es el sector que tiene una mayor preponderancia en todas sus políticas? Es decir, ¿qué sector constituye en verdad la base de nuestro sistema económico?

¿Podemos pensar que es el sector primario? No, desde luego que no. Los pocos agricultores que aún existen no se puede decir precisamente que tengan una gran influencia dentro de la sociedad o de la política. Entonces, ¿será quizás el sector secundario? Hay desde luego más obreros que campesinos y existen algunas industrias que son consideradas como muy importantes. Pero no parece, en definitiva, que los obreros y lo que producen sean el centro de atención de nuestros gobernantes.

Pues entonces, por extraño que parezca, ¿debemos concluir que es el sector terciario el más importante para la economía? Evidentemente. De eso no cabe ninguna duda. El sector de los servicios es el centro de cualquier política económica efectuada por nuestros gobiernos. Y si hubiese alguna duda, pensemos justamente en lo que constituye la cúspide de la pirámide, es decir, el sector financiero y bancario. Aquí encontramos realmente el objeto de todos los mimos y de todos los anhelos de nuestros gobernantes.

Porque, ciertamente, ¿qué importancia puede tener la agricultura? Al fin y al cabo lo único que hacen los agricultores es sostener físicamente todo el sistema. No hacen nada más. ¿Y la industria? Lo que produce el sector industrial no tiene la menor importancia. Siempre podemos comprar los mismos productos en otro país cualquiera e importarlos para el nuestro. A veces incluso sale más barato. Por el contrario, el sector terciario, ese sí que es importante e imprescindible para la sociedad y para el país. Especialmente el sector financiero, que es el cuerpo y alma de la economía.

Así, nuestros gobernantes nos han abierto finalmente los ojos: en realidad no es la base, sino la cúspide la que sostiene a toda la economía y a la sociedad. Es en la cúspide de la pirámide que se asienta toda y cualquier estructura.

Ahora observe otra vez las pirámides de Egipto... ¿No cree, mirándolas bien, que están al contrario?

10/2/09

¿Existe una única Tierra girando alrededor del Sol?

Hace unos siglos, las ideas de Copérnico revolucionaron la concepción que teníamos del universo. Al final, era la Tierra la que giraba alrededor del Sol, y no al contrario, tal como se pensaba hasta entonces.

Sin embargo, cambios bruscos de mentalidad como estos están lejos de ser cosa únicamente del pasado. En nuestros días, cuando ya pensábamos que lo sabíamos todo, asistimos a una nueva revolución. Las actuales ideas relativas al desarrollo económico desafían nuevamente nuestra visión del universo. Al final, parece que no hay una única Tierra girando alrededor del Sol, sino que ¡hay varias Tierras!

Puede parecer sorprendente, pero así es. Una nueva y revolucionaria visión del universo está a ser impuesta por los defensores del actual modelo de desarrollo. Según ellos, el universo es un espacio de color de rosa, lleno de estrellas sonrientes, en el cual varios planetas Tierra giran alegremente alrededor de un Sol siempre risueño, siempre feliz.

Si alguien no cree que esto sea posible, basta que consulte el último Informe Planeta Vivo de 2008, en donde se recoge la actual huella ecológica de la humanidad. Según dicho informe, en este momento la humanidad está consumiendo 1,3 veces la cantidad de recursos que la Tierra es capaz de generar o de regenerar cada año. ¿Y qué significa consumir por encima de la capacidad de generación? Significa que en este momento estamos dilapidando el patrimonio de la Tierra, su capital productivo. Es decir, en este momento estamos disminuyendo progresivamente la capacidad del planeta para producir recursos. Debido a nuestro exceso de consumo, la Tierra genera y generará cada vez menos recursos, especialmente aquellos que nos son más esenciales.

¿Cómo es posible? ¿Cómo podemos estar sobreexplotando y agotando, arruinando en suma, nuestro propio planeta? ¿Es posible que estemos haciendo una cosa tan estúpida? Pues bien, sí, podemos pensar que es así. Pero también, siendo irracionalmente optimistas, podemos pensar que en realidad existe… ¡más de un planeta Tierra!

Al final, ¿será que alguien, viniendo del espacio, se ha parado a contar si hay sólo una Tierra o si hay más? Y claro, si hay varias Tierras, no hay el menor problema en gastar 1,3 veces los recursos terrestres o incluso aún más. En realidad, podríamos seguir aumentando indefinidamente nuestro insaciable consumo de recursos naturales.

Piense bien: si no hubiesen varias Tierras, ¿cómo iban nuestros gobernantes a continuar sin hacer nada para evitar la sobreexplotación de los recursos del planeta? ¿O cómo iban, incluso, a tomar nuevas medidas que siempre la agravan aún más? Por otra parte, si no fuese así, si no hubiese varias Tierras, ¿por qué íbamos nosotros a dejar que ellos nos gobernasen, llevando a toda la humanidad a la ruina y a la más absoluta destrucción?

No le quepa ninguna duda: el universo es de color de rosa y en él hay varias Tierras girando alrededor del Sol. ¿Quién sabe, en realidad, si serán dos, tres, diez, veinte o incluso infinitas Tierras? Todos los gobernantes del mundo civilizado han adoptado ya esta nueva visión del universo. Y todos los pueblos civilizados del mundo, que confían ciegamente en sus gobernantes, creen también en esta nueva visión. ¿Quién es usted, miserable lector, para contrariar lo que todo el mundo piensa? Por la continuidad de nuestro derrochador modo de vida y de nuestro glorioso desarrollo económico, ¡únase a esta nueva revolución cosmológica!


Puede ver el Informe Planeta Vivo 2008 en: http://www.panda.org/about_our_earth/all_publications/living_planet_report/

3/2/09

Biopolítica: ¿son la ciencia y la política incompatibles?

En la actualidad la política está regida casi siempre por ideas absurdas, normalmente de tipo supersticioso o religioso. Lejos de querer ser ella propia una ciencia, tal como le correspondería por ser parte fundamental de la ética, la política se ha convertido en nuestros días en una enemiga acérrima de la ciencia.

Por su parte, la ciencia, o lo que entendemos hoy en día por ciencia, se guía casi siempre por objetivos absurdos, normalmente fruto de una ciega y excesiva especialización. Lejos de tener sus bases en la ética, como correspondería a cualquier rama del saber, la ciencia parece esforzarse en ignorarla o atacarla.

¿Será entonces posible unir estas dos realidades aparentemente incompatibles? ¿Será posible unir de alguna forma una ciencia, como es la biología, y la política? ¿Y será que con ello ganamos algo?

Por otra parte, pretender una unión semejante ¿no exigirá de nosotros una excesiva inteligencia, para la cual no estamos ni estaremos nunca preparados? Sí, quizás sea un propósito que nunca alcancemos... pero intentarlo, además de ser necesario, como mínimo puede ser divertido.