17/2/09

¿Estarán las pirámides de Egipto en la posición correcta o al contrario?

Todos estamos acostumbrados a ver la soberbia imagen de las grandes pirámides de Egipto. Situadas en pleno desierto africano, enmarcadas por exóticas palmeras, rodeadas de simpáticos y tozudos camellos, invadidas a cada momento por terribles hordas de miles y miles de turistas… las colosales pirámides, tanto ayer como hoy, despiertan nuestra mayor admiración y nuestra más desbordante fantasía.

Su forma geométrica, por otra parte, es inconfundible: una base cuadrada, asentada sobre el suelo del desierto, y cuatro paredes triangulares alzándose hacia el cielo azul, apoyando sus bordes unas contra otras. Esta majestuosa e inconfundible figura ha inspirado, a lo largo de los tiempos, todos los campos del saber humano.

Así, hoy en día y de un modo general, se suele llamar pirámide a cualquier estructura en que exista un nivel inferior, la base, sustentando todos los demás elementos, seguida por otro nivel superior, más reducido, que sostiene a los siguientes, y así hasta llegar finalmente al último nivel, la cúspide, en que suele haber un único elemento.

Por ejemplo, hablamos de pirámide cuando analizamos nuestro sistema económico y los diferentes sectores que lo componen. En la base tenemos el sector primario, referido a la producción agrícola y a la extracción de recursos naturales. Luego viene el sector secundario o industrial, que transforma los bienes conseguidos por el sector primario en nuevos bienes que son útiles para la sociedad. Y por último, el sector terciario o de servicios, que se alimenta, por así decir, de los sectores anteriores e intenta mejorar las condiciones en que se desarrolla todo el conjunto de la economía.

Sin embargo, en los últimos tiempos tenemos fuertes motivos para pensar que esto no es realmente así. Incluso podría ser al contrario. Basta con que observemos atentamente la labor de nuestros gobiernos y nos preguntemos lo siguiente: ¿cuál es el sector que tiene una mayor preponderancia en todas sus políticas? Es decir, ¿qué sector constituye en verdad la base de nuestro sistema económico?

¿Podemos pensar que es el sector primario? No, desde luego que no. Los pocos agricultores que aún existen no se puede decir precisamente que tengan una gran influencia dentro de la sociedad o de la política. Entonces, ¿será quizás el sector secundario? Hay desde luego más obreros que campesinos y existen algunas industrias que son consideradas como muy importantes. Pero no parece, en definitiva, que los obreros y lo que producen sean el centro de atención de nuestros gobernantes.

Pues entonces, por extraño que parezca, ¿debemos concluir que es el sector terciario el más importante para la economía? Evidentemente. De eso no cabe ninguna duda. El sector de los servicios es el centro de cualquier política económica efectuada por nuestros gobiernos. Y si hubiese alguna duda, pensemos justamente en lo que constituye la cúspide de la pirámide, es decir, el sector financiero y bancario. Aquí encontramos realmente el objeto de todos los mimos y de todos los anhelos de nuestros gobernantes.

Porque, ciertamente, ¿qué importancia puede tener la agricultura? Al fin y al cabo lo único que hacen los agricultores es sostener físicamente todo el sistema. No hacen nada más. ¿Y la industria? Lo que produce el sector industrial no tiene la menor importancia. Siempre podemos comprar los mismos productos en otro país cualquiera e importarlos para el nuestro. A veces incluso sale más barato. Por el contrario, el sector terciario, ese sí que es importante e imprescindible para la sociedad y para el país. Especialmente el sector financiero, que es el cuerpo y alma de la economía.

Así, nuestros gobernantes nos han abierto finalmente los ojos: en realidad no es la base, sino la cúspide la que sostiene a toda la economía y a la sociedad. Es en la cúspide de la pirámide que se asienta toda y cualquier estructura.

Ahora observe otra vez las pirámides de Egipto... ¿No cree, mirándolas bien, que están al contrario?

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