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29/9/11

¿Es el petróleo una energía ecológica?

Después de oír hablar tantas y tantas veces de energías renovables, de energías alternativas, de energías limpias, de energías verdes, de energías amigas del ambiente… llega un momento en que resulta difícil saber de qué estamos hablando. Por otra parte, al escuchar a los defensores de cada tipo de energía, nos quedamos con la sensación de que todas las fuentes de energía son maravillosas y prometedoras, no teniendo ninguna de ellas cualquier tipo de repercusión negativa sobre el ambiente. Con toda esta confusión, cualquier día podemos incluso preguntarnos si el petróleo no será también, al fin y al cabo, una energía renovable, alternativa y ecológica.

¿Será renovable? Pues bien, en realidad todo depende de la escala temporal que utilicemos. El petróleo se formó a partir de materia orgánica proveniente de pequeños organismos marinos que vivieron en la antigüedad. Fueron necesarios algunos cientos de millones de años, además de complicados procesos geológicos, para que esta materia se transformase en el combustible fósil que hoy conocemos como petróleo. Por tanto, podemos decir que, en el fondo, el petróleo es una energía renovable, pues se va formando, si la suerte acompaña, cada varios cientos de millones de años. Renovable sí… o quizás, pero claro, mejor esperar sentado.

¿Y es una energía alternativa? Sin duda. Hace un siglo, cuando su uso comenzó a generalizarse, el petróleo era considerado como una energía alternativa, pues venía a sustituir el uso del carbón. Y siendo menos sucio y contaminante que éste, el petróleo era en ese momento, no cabe duda, una energía más ecológica y amiga del ambiente. De hecho, aún hoy en día podemos decir lo mismo frente al uso intensivo del carbón que siguen realizando determinados países. Como es fácil comprender, cualquier energía es buena si se la compara con alguna otra peor.

Pero la forma en que se utiliza una determinada fuente de energía también condiciona sus efectos ambientales. Un uso extremadamente reducido y bien controlado del petróleo no llegaría seguramente a afectar de forma significativa al ambiente. En cambio, su uso masivo y descontrolado, tal como sucede en los días de hoy, está conduciendo al mundo a un terrible y devastador desastre ecológico.

Esto es lo que podemos decir en relación al petróleo. Pero sería importante hacernos exactamente el mismo tipo de preguntas en relación a todas las otras fuentes de energía, pues todas ellas son buenas, renovables, alternativas o ecológicas según se juega de forma irresponsable con el significado de estos conceptos. Sólo así podremos librarnos quizás de tanta confusión y de ser engañados tantas veces.

La energía hidroeléctrica, por ejemplo, es una energía renovable y amiga del ambiente dependiendo de su uso. Las pequeñas centrales hidroeléctricas son renovables y ecológicas. Pero las grandes presas y embalses no lo son, pues eliminan de forma irreversible todo el ecosistema fluvial y la riqueza a él asociado. Siendo utilizada desde muy antiguo, sólo podemos considerar a esta energía como alternativa en relación al hoy omnipresente petróleo.

La energía eólica no es una energía amiga del ambiente cuando se construyen grandes parques eólicos en zonas protegidas, creando con ello un fuerte impacto ambiental. Y lo mismo se puede decir de la energía solar si se pretende construir una enorme central solar en medio, por ejemplo, de un parque natural. Siendo también muy antiguas, podemos considerar a estas energías como alternativas atendiendo a las recientes y modernas tecnologías que utilizan actualmente.

La energía nuclear no es renovable, pues depende de la existencia de yacimientos minerales que están próximos a agotarse. Y ni siquiera es muy alternativa, pues en realidad necesita de mucha energía, generalmente proveniente del petróleo, para explotar, transportar y transformar esos minerales. Los desechos radioactivos, que duran milenios, no son tampoco amigos del ambiente ni de las futuras generaciones.

La tradicional leña de nuestros abuelos tiene ahora, por arte de magia, nuevos nombres: biomasa o biocombustible. Muchos bosques desaparecieron en el pasado para convertirse en leña. Y muchos otros están desapareciendo actualmente para convertirse en biomasa o en biocombustibles. El uso intensivo y voraz que se hace del suelo fértil convierte a esta energía, con demasiada frecuencia, en una energía no renovable.

En realidad, la energía solar y el uso que de ella hace la fotosíntesis constituyen el sistema energético más perfecto, limpio, eficiente y ecológico que se conoce. Pero atención, trate de aprovechar esta energía mientras pueda, pues nuestro astro rey sólo va a durar unos cuantos miles de millones de años más. Ni siquiera el sol es una fuente de energía completamente renovable.

24/3/09

Cómo destruir el medio ambiente de una forma alternativa.

El uso de ametralladoras fomenta, sin duda, la violencia. Por tanto, es necesario sustituir todas las ametralladoras existentes por fusiles de asalto y así ya no habrá más violencia.

Digamos que este razonamiento, por más vueltas que le demos, no parece ciertamente muy convincente. En realidad, si alguien afirmase tal cosa podríamos pensar que nos encontramos ante una persona un poco tonta. Pero pensaríamos mal. No se trata de un tonto, sino de todo lo contrario. Simplemente hace falta tener un poco de perspicacia para comprender la razón de tales palabras.

Y es que de alguien que afirma tal cosa podemos decir que: 1) no tiene ningún interés en acabar con la violencia; y 2) obtiene algún beneficio con la proliferación de los fusiles de asalto… Es decir, que se trata simplemente de ¡un vendedor de fusiles! Aunque, claro, también cabe la posibilidad de que esto no sea cierto y que se trate, en verdad, de alguien rematadamente tonto.

Razonamientos como el anterior, aparentemente absurdos en un primer momento pero con un significado encubierto bien comprensible, son más vulgares de lo que parece. Podemos observarlos referidos a todo tipo de temas de actualidad. Y, más concretamente, en las discusiones sobre política energética.

El uso de combustibles fósiles, con sus emisiones de CO2, resulta perjudicial para el clima terrestre. Por tanto, es necesario sustituirlo por el uso de energías alternativas, para así preservar la naturaleza y el medio ambiente.

Este razonamiento parece perfecto e incuestionable. Nadie en su sano juicio podría oponerse a una argumentación tan clara y convincente. Pero bien, veamos con más detalle en qué consisten estas energías alternativas de que se habla y, más concretamente, cómo son aplicadas.

¿Estamos hablando de la energía nuclear, que genera residuos radiactivos y que constituye una terrible amenaza para nuestras vidas? ¿Hablamos de construir aún más centrales hidroeléctricas, quizás para acabar con los últimos ríos existentes? ¿De los generadores eólicos que son instalados casi siempre en el interior de espacios naturales protegidos? …Y esta terrible fatalidad ocurre incluso en la ubicación de las centrales solares, tan aparentemente inofensivas. ¿Hablamos también de los biocombustibles, esa nueva forma de agricultura intensiva destructora de suelo fértil y de más espacios naturales? ¿Son, por tanto, éstas las alternativas?

Es evidente que, en general, la utilización de energías alternativas resultará ventajosa para la conservación del medio ambiente. Pero también no cabe duda de que con la aplicación que actualmente se está haciendo de ellas, es decir, de forma irracional y sin ningún respeto por cualquier norma ambiental, resultan también bastante perjudiciales.

Las actuales emisiones de CO2 están provocando una alteración del clima del planeta, amenazando a la naturaleza y, con ello, amenazando también la propia supervivencia del hombre. Si se pretende reducir dichas emisiones es precisamente para proteger la naturaleza. Así, no parece muy inteligente reducir las emisiones recurriendo a otras fuentes de energía que, tal como son aplicadas, también destruyen alegremente la naturaleza. ¿No es esto lo mismo que sustituir ametralladoras por fusiles?

Cuando los principales gobiernos del mundo basan sus políticas energéticas en razonamientos semejantes, aplicados de tal forma, podemos decir que dichos gobiernos: 1) no están mínimamente interesados en proteger y conservar la naturaleza; y 2) son muy amigos de la industria de las energías alternativas, que por casualidad es la misma industria de siempre, es decir, la misma industria y el mismo capital que cada día, desde hace décadas, continúa a destruir irracionalmente el mundo.

Aunque, claro, también cabe la posibilidad de que nada de esto sea cierto y que se trate, en verdad, de gobiernos rematadamente tontos.